Cuando llegué tenía 6 añitos, como algunos recordaréis la primera en decirme algo fue Reyes, mi mejor amiga. En el patio conocí a las dos otras chicas de la clase, Sara y Isabel. Isabel y yo nos quedábamos al comedor juntas, pues nuestros padres trabajaban. Así fue como hicimos una gran amistad y complicidad. Aún ahora cuando me la encuentro por la universidad, ambas llegamos tarde al sito al que íbamos, pues la media hora de palique no nos la quita nadie... Recuerdo que cuando terminábamos de comer nos apropiábamos de los dos únicos columpios que había en el cole, pues los niños más mayores que nosotras, no querían subir casi nunca (en tal caso nos íbamos) y los más peques ya sabían que las mayores mandábamos jeje.
De todas formas como sólo éramos diez, solíamos jugar todos juntos. Quizás nuestro juego preferido era el escondite. Que tramposos éramos, aunque, que inocentes. Pasábamos patios enteros jugando a ello, incluso de un día para el otro nos acordábamos de a quien le tocaba pagar. De forma muy especial jugaba al pilla-pilla con ellos. Mi diversidad funcional me impide correr tan rápido como los demás. Ellos no quisieron que yo quedara excluida del juego, ni mucho menos que fuera “suro” (que aunque te pillasen no pagabas), así que ingeniaron entre todos que siempre que vinieran a por mí lo harían a saltos y con el paso de los años al trote. De forma que yo participé en todo sus juegos con normalidad. Incluso, como aquel pueblo es muy montañoso, solíamos ir alguna masía y siempre acabábamos en alguna cueva o en lo alto de algún sitio, el problema venía cuando yo quería bajar, ahí te veías a Fran cogiéndome de un brazo, a Miguel del otro, a David de detrás, Unai dirigiendo la operación y Vicente delante por si caíamos. Bueno todo eso riéndonos a carcajada limpia. Y decíamos: Hasta la otra que te volverás a subir. Ah! Y no olvidemos mis habituales caídas. Me decían la niña de goma, porque rebotaba en el suelo, si si, me caía y en medio segundo estaba levantada, me limpiaba con la mano la tierra de las rodillas y de las manos y a jugar! Al ratito me decían, Marta llevas sangre! y yo, pues ya se irá jejeje.

La verdad es que fui muy feliz con ellos. El sábado le propuse a Reyes hacer una cena los 10, justo este año que cumplimos los 25 añitos. Pero está mal la cosa: con Sara no se hacen, Unai ha sido papá y no sabemos dónde está, de Adrián tampoco sabemos nada, David, bueno el pobre David ha terminado mal y los otros pues no tienen mucho interés. Así que haremos una cenita Reyes, Isabel y yo, somos pocas pero bien avenidas y seguro que nos echamos mogollón de risas recordando nuestras travesuras que hacíamos de pequeñas y de no tan pequeñas.
La fotografía primera que os pongo es de uno de los cumples de Reyes, creo que refleja perfectamente lo bien que lo pasábamos juntos y lo unidos que estábamos. Esta segunda foto somos Reyes, yo e Isabel con 6 añitos con nuestro proyecto que consistía construir una vivienda con cajas de zapatos (ni que supieramos el futuro jeje)

Espero que os haya gustado mi pequeño relato de mi infancia en el cole. Pronto os contaré como fue mi paso a la secundaría, para que os riáis un rato.
Un abrazote colegas blogueros!